El dilema de la motivación

Actualmente me encuentro inmerso en la lectura de un nuevo libro llamado The Raven Boys. Hay un personaje, Gansey, que se embarca en la búsqueda de descubrir la ubicación de la tumba del último rey galés, Glendower, el Rey Cuervo.

Tiene un diario lleno de anotaciones, conclusiones acerca de las cosas que fue investigando y demás. El libro no me termina de atrapar como otros, pero si me sirvió de motivación para empezar esta serie de artículos.

Gansey mantiene una motivación durante años. Esta en busca de algo que nadie tuvo el privilegio de comprobar, pero eso no lo detiene. De hecho lo insta a llegar donde nadie más pudo. Posee una constancia férrea. Y ahí es donde quiero verme.

Emprendí estos artículos en la búsqueda de mi propio Glendower: mostrarles mi punto y encontrar un grupo de personas que puedan debatir sobre estos temas, que se interesen en la causa de expandir la cultura del código.

A diferencia de Gansey, no busco algo no comprobado, hay muchas comunidades que comparten dichos objetivos y los aplican. Pero mi búsqueda es mas personal; se trata sobre debatir temas puntuales que voy sacando de mi cabeza día a día. Conclusiones en las que quizá este equivocado o acertado.

La motivación es frágil. Se pierde con facilidad si no tienen claro realmente lo que quieren. Por ejemplo, veo mucha gente motivada a aprender un lenguaje de programación. Se compran un curso de 40 horas y hacen dos. La motivación inicial los lleva a querer dominar un conocimiento, pero se esfuma al poco tiempo.

Esto es porque la motivación de hecho es un estado psicológico. Es imposible mantenerla las 24 horas del día. Y como viene de la mano de la inspiración, forzarla la termina matando.

El problema es que se necesita estar motivado para disfrutar de hacer algo. Sino caemos en la rutina y terminamos haciendo cosas en modo piloto. Eso nos lleva poco a poco a un estado de depresión que termina en abandonar trabajos, hobbies o incluso parejas.

Entonces, ¿cómo tratamos con el dilema de la motivación? ¿cómo logramos terminar ese proyecto de reconocimiento facial en Python? O esa API en Laravel. O incluso ese plugin de Minecraft que nos vuelve loco con sus eventos disparados ambiguos.

La clave esta en ser objetivo. Usar el motor de la motivación para determinar nuestras metas reales y alcanzables. Gansey traza su búsqueda sobre una serie de hipótesis que lo lleva a viajar a distintas partes del mundo. Nosotros también debemos plantear nuestras hipótesis.

Les voy a compartir un canal que sigo hace un tiempo sobre crecimiento personal, que justamente trata todas estas cuestiones que venimos charlando:

Quizá yo sea el peor ejemplo para tratar este tema. Me motivan muchas cosas, pero tengo más de 15 proyectos sin terminar que quizá no vean la luz. Pero no veo esto como un problema. Cada proyecto me enseño algo sobre mi código y mis formas de hacer las cosas.

Lo que a mi me motiva es la posibilidad de que una cosa se puede hacer distinta y mejor cada vez que emprendo un proyecto nuevo. Mi búsqueda esta en mejorar mi calidad como desarrollador. En embarcarme en investigaciones que me lleven a descubrir cosas nuevas e interesantes.

Por eso no me frustra no terminar mis 15 proyectos. Mi realización estuvo en iniciarlos y lograr cierto objetivo, como terminar ese carousel con botones personalizados. O crear una lista con scroll reciclable. Porque todo eso me lo llevo como conocimiento en mi día a día.

La experiencia de probar algo, esta es mi resolución al dilema de la motivación. No quiero lastimar a nadie, pero la verdad es que nos conocemos poco a nosotros mismos.

Nos forzamos a terminar cosas que quizá no queramos terminar. Coexistimos con dos seres: uno procrastinador y otro responsable. Y siempre prima la idea de que nuestro progreso o éxito se basa en obedecer al responsable todo el tiempo.

La verdad es que eso aniquila la motivación. De momento que nos convertimos en nuestros propios jefes, nos imponemos tiempos y responsabilidades, nos estamos obligando a trabajar de un modo vital.

Nadie quiere trabajar todo el tiempo, es insano. Incluso si trabajamos en nuestras metas, es cansador. Y si tenemos una voz interior llena de culpa que nos obliga a continuar, es peor. Terminamos abandonando porque no llegamos donde realmente deberíamos porque nuestras expectativas sobre nosotros mismos son inalcanzables.

La conclusión es:

Calma, por supuesto. Esta bien ser responsable, pero dejemos que nosotros mismos decidamos el mejor momento para hacer algo. La motivación llega sola, al igual que la inspiración.

¿En qué momento creíste que condicionarte a programar 10 horas al día sería buena idea? Programá cuando sientas ganas realmente de hacerlo. Y si tenes un proyecto que tiene que salir ya, entonces tenes una motivación latente que seguramente te lleve a terminarlo.

La conclusión es simple: No fuerces algo que no podés controlar. Disfruta del camino y si no lográs motivarte con lo que estás haciendo, es porque no es lo tuyo. Es mejor que hagas un cambio en el momento, a pasar años encerrado en tus propias convicciones.

Quiero que termines de leer este artículo y puedas emprender sin descanso. Buscá al Rey Cuervo, y disfrutá del camino con constancia y una motivación latente.

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