No le des perlas a los cerdos

El mundo esta lleno de gente que vela por sus propios intereses. Pero también hay gente que se desvive por ayudar al resto. Hoy, desde la óptica de sistemas y completamente aplicable a otros ámbitos, te voy a contar mi visión sobre la ayuda desperdiciada.

Hoy me levanté sin ninguna idea para un nuevo artículo. La inspiración llego tarde, a eso de las tres de la tarde específicamente. Pero ese tema ya venía no solo rondando en mi cabeza, sino también perdido en los cimientos de mi propia personalidad.

Soy el tipo de persona que necesita comunicarse, como todos. Pero no me gusta subir una story a Instagram contándoles que comí hoy. No quiero transmitirte mis hábitos, gustos y demás tonterías rutinarias.

Respeto a la gente casual, no soy un hater de los influencers que se ganaron el pan contando sus experiencias de vida. Al contrario, sigo a un par de personas así que me sacan el foco de mis problemas, y me permiten distraerme en cosas sencillas.

Pero yo soy más del tipo de gente que quiere “curar” su contenido. Quiero llegar con una idea armada que puedan digerir y aprender algo en el proceso. La opinión de una persona puede incluso alimentar la convicción de un grupo. La palabra tiene un poder impresionante.

Pero no afecta a todos por igual. Y este artículo va a ser un centro de odio abismal. Nadie va a estar de acuerdo conmigo, incluso los que piensen parecido. Porque vamos a tocar un tema central que los afecta y con el que nadie quiere sentirse identificado.

“No le des perlas a los cerdos” es, aunque no lo creas, una cita bíblica. Como ateo me siento incómodo de darle tanto valor a una cita de este tipo, pero a la verdad me remito: Es real y probada.

La frase significa que no le des algo (conocimiento, un bien) de valor a alguien que no va a saber valorarlo. Y esto tan sencillo me permitió tropezar tantas veces en la misma piedra que perdí la cuenta.

Desde hace años enseño a mucha gente, por varios medios, el arte de la programación. Y a veces he tomado pupilos, por lo que me convertí en un mentor más por reconocimiento de otros que por mi mismo.

Un mentor es una persona que guía a un pupilo por un camino medianamente recto en el saber. A fines prácticos es como decirte: “Si querés aprender Android, primero aprendé los fundamentos en Java. Si no sabés programar es mejor que primero aprendas algoritmos y pseudocódigo.”

Y muchos me van a decir: “Pero esto lo veo en los comentarios de facebook o reddit, o twitter”. Y si bien es cierto, va un poco más allá el concepto. Una persona que pasa por ahí, te va a aconsejar una o dos veces. El mentor está al tanto de tu progreso, porque quiere verte crecer y evita que aprendas mal.

Entonces el mentor no solo aconseja, sino también guía y evalúa. Es parecido a un profesor, pero a la vez muy diferente.

La cuestión es que yo no di perlas a los cerdos, yo instalé una joyería. Regalé conocimientos por años a gente que quizá nunca me los pidió. Y ayudé a muchos con la intención de que mejoren cuando ellos no querían mejorar.

Así perdí tiempo y esfuerzo constantes. Y también perdí foco en la gente que quizá si necesitaba ayuda de verdad. Porque uno es humano, y si ayudás a un par de personas, no podes ayudar a otras.

El mayor problema es que no soy un altruista. Entonces yo esperaba algo a cambio, no necesariamente material. Mi contrato implícito se basaba en ayudar a gente para luego recibirla cuando yo la necesitara.

Y resulta que no funciona así. Mucha gente que ayudé empezó a ignorarme o simplemente no quería ayudarme. Porque no somos todos iguales. Y reclamar esa ayuda te convierte en un desesperado y al final terminas peleándote y perdiendo más tiempo.

Entonces empiezan las malas decisiones. El otro día vi una publicación en LinkedIn de una chica que estaba enojada con la gente que había ayudado. Básicamente decía algo como:

Yo ayudé a mucha gente que me dejó sola cuando más lo necesitaba. La verdad es que no hay que esperar nada de nadie. Igualmente esa gente me ayudó a ser más fuerte y resolver mis problemas sola, sin necesidad de nadie.

Y me dejó algo preocupado. Me asusta pensar en la idea de que todos lleguemos a este tipo de conclusiones. Está muy bien ser auto-suficiente y resolver tus propios problemas. Pero al costo de albergar un resentimiento por la gente que no te ayudó, eso es grave.

A esta altura pensás que exagero. ¿Por qué una actitud que simula superación personal es preocupante?. La razón es muy simple: Retribución.

Si empezamos a sacar conclusiones como ésta, el mundo se va a pique. Nadie va a ayudar a nadie más y todos vamos a intentar hacer las cosas solos. Y esto no va a solucionar nada, porque vamos a seguir enojándonos con el mundo por seguir sin recibir ayuda.

Todo es cuestión de saber seleccionar

El problema fundamental de esto es pura perspectiva. Tenemos un circulo reducido de gente que conocemos bien y a las que pedimos ayuda. Y esa gente quizá por motivos personales no tenga tiempo o simplemente no quiera ayudarte.

Entonces consideramos que nadie quiere ayudarnos. Y el error es matemático. Hay miles de personas dispuestas a brindarnos ayuda y también recibirla. Miles de personas quieren aprender, pero, ¿cómo encontrarlas?

La respuesta es simple: Internet. Hay que tomarse el tiempo de recorrer los grupos de discusión que se arman, preguntar y responder con StackOverflow y sobretodo estudiar previamente como vas a plantear o resolver una duda.

Vos y yo estamos metidos de lleno en ciertos temas que quizá los demás no comprendan o simplemente no les importe. Pero los demás no conforman el 99% de la población restante. Salí a conocer gente nueva, porque quizá tu circulo de conocidos necesite una actualización.

Pero no abandones a nadie. No a todos nos tienen que interesar las mismas cosas, y quizá estés en desacuerdo con muchas ideas de los demás. Pero no te vuelvas elitista. No te encierres en un grupo que te entiende solo por eso, porque quizá estas dañando a otra gente al hacerlo.

Quizá sigamos regalando un par de perlas a los cerdos, pero si empezamos a mirar en detalle, hay mucha gente que va a valorar nuestros aportes.

También es importante que te plantees la calidad de lo que estás ofreciendo. Porque quizá estés equivocándote en algo que no ves. Pedí críticas, toma las positivas para mejorar, y las negativas para medir a cuantos tipos de personas estas llegando.

Aprendé a aceptar la crítica. No te cierres a tus propias ideas. Es probable que empieces con algo y termines cambiando completamente el paradigma.

Aportá pensando en la posteridad

Mi mayor error quizá haya estado en el diálogo individual. Hablar con una sola persona y que ésta pueda valorar todos tus consejos y aplicarlos, es una lotería.

Esa persona está en todo su derecho de seguirlos o no. El problema radica en la cantidad de gente a las que estás llegando. Quizá mi consejo le servía a cien personas más, y quedó en el olvido de una sola.

Entonces me di cuenta: Hay que publicar todas las ideas y consejos que pueda aportar. Y da resultado, mirá este blog: La gente me comenta su punto de vista y a veces comparte el mío.

Pero capaz estoy llegando a cien personas al día. Muchas omiten el artículo, otras se quedan a leerlo, y otras aportan su opinión. Pero esto va a quedar acá escrito por mucho tiempo.

Y ese tiempo le va a permitir a mucha más gente llegar a mi artículo. Mi esfuerzo se realiza una sola vez y los resultados impactan en mucha gente que quizá algún día tenga el agrado de conocer.

Conclusiones

Si hoy estás leyendo esto y tenes ganas de aportar, hacelo. No te limites por la idea de si vale la pena o no. Probá suerte, en el peor de los casos vas a recibir una crítica constructiva y los pasos a mejorar.

Y cuando ayudes, no esperes cosas a cambio. No por resentimiento. Ayuda porque tenes ganas de hacerlo, sin retribución.

Espero que les haya gustado este artículo y los veo en el siguiente!

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