Qué hacer y qué NO hacer en una entrevista

En la industria de sistemas (y todas las demás, sin excepción) el tópico más complejo de tratar es el momento de tener una entrevista. No sabemos por qué, pero vamos a la misma con miedo, como si nos dijeran algo como:

Esta es la prueba de tu vida, si fallas, dudo que tengas otra oportunidad. ¡Despídete de la industria! ¿Has probado la jardinería?

Las personas somos, por definición, fatalistas: la historia de nuestras vidas ha demostrado cuánto nos preocupamos en cada paso que requiera dar una evaluación de nuestra parte. En la primaria había que aprender a leer y nos preocupaba fallar ese examen de literatura. En la secundaria nos moríamos si llevábamos una mala nota a casa, aún si podíamos recuperarla. En la universidad, las materias que planeamos meter ese año, debían entrar como sea. Si no fuera de ese modo, ¿en qué clase de personas nos convertiríamos?

Tendemos a vivir como si este año se acabara todo para nosotros. No existe la idea de fracasar porque eso significaría cuestionarnos acerca de cómo nos percibimos a nosotros mismos. Somos, probablemente, nuestros peores mentores. La culpabilidad y la sensación de no progresar en algo, nos devora por dentro.

Somos autores de algo tan extraño y emocional como el síndrome del impostor: ¿qué especie en todo el planeta se cuestiona si es adecuada para estar donde debe estar?

Quiero aclarar que no se trata de desmerecer tus sentimientos y emociones, querido lector. Al contrario: mi idea es que los canalices de otra manera más orientada a dejar de hacerte tanto daño emocional y psicológico.

Sentimos que no somos adecuados para un puesto, una tarea, una entrevista. Consideramos que debemos ser unos genios indiscutibles y nos imaginamos que seremos puestos a prueba en los mayores desafíos que sólo los “elegidos” pudieron resolver.

Entonces se activa esa parte tan útil y molesta de nuestro cerebro: la que calcula las probabilidades y se anticipa a todo.

Porque aunque seamos las personas más increíbles del mundo, jamás lo aceptaríamos. Reconocemos nuestros errores y los ponemos en la repisa, en ese lugar donde los contemplaremos hasta resolverlos. Somos conscientes de que no somos perfectos, y nos volvemos locos para serlo. Alcanzar la meta debe ser duro, como escalar una montaña sin entrenamiento.

Y claro, cuando llegamos a la entrevista, colapsamos.

Estas leyendo mucha ficción, querido lector.

La realidad es mucho mas simple: tu entrevistador no busca un genio, sino una persona que pueda cumplir los requerimientos que la empresa necesita.

Es muy probable que trabajes con un equipo y vos cubras un área específica; para la cual estuviste estudiando y preparándote todo este tiempo. No te van a pedir que cambies el mundo, ¡al menos no el mundo entero!

Tengo que decirte algo horrible, pero prometo que si lo lees lentamente, no duele tanto: Cuando te esforzás de más y te castigás asi, es tu ego el que está hablando.

En algún momento empezaste a creer que tu vara estaba baja y había que subirla más, pero esto es subjetivo. Por supuesto que hay entrevistas donde te van a pedir más que en otras, pero no siempre es tan duro como lo imaginaste.

Todo este lío que te haces pertenece a un concepto muy conocido llamado overthinking, que en el lenguaje Español significa: dejá de hacerte la cabeza.

Esto no es un artículo sobre entrevistas, Maxi.

Parece que te he engañado, pero intentemos pensar que soy un escritor decente y de palabra: si te hablara de códigos de vestimenta, actitud positiva y modales, ¿no sería esto un artículo más que podés encontrar en Google?

Quiero tratar temas mas realistas. Todos sabemos como poner buena cara y hablar de valores y cómo corremos por el prado mientras pensamos en la proactividad.

Mis primeras entrevistas, allá por el 2009, fueron un poco tensas en general. Era un pollo mojado intentando explicar que recién arrancaba en esto de tirar código y que funcione de milagro. No la pasaba bien, especialmente cuando decía cosas como “no fui a la facultad, todo lo que aprendí fue con Youtube y leyendo documentación”.

Me tomaban como a un loco, y hoy a la gente le brillan los ojos diciendo cosas como “oh, un autodidacta“. En 2009 era un chico de 19 años con una idea muy definida: la facultad no me puede enseñar ahora mismo lo que necesito para trabajar, por lo cual quiero aprenderlo por mi lado.

Fué muy difícil explicarlo en los primeros años, pero aún así consegui empleo y todo lo demás es historia. Lo que quiero destacar en realidad, es lo que pasó en las últimas entrevistas; y cómo di vuelta todo a mi favor.

Se trata de crear un ambiente

Una entrevista acontece en un espacio (virtual o real) con un tiempo determinado. Esto significa que va a existir un ambiente, y dominarlo te va a garantizar una probabilidad mayor de que te contraten.

Me voy a inventar una historia ahora mismo, en el momento, para ilustrar esto. Arranca la improvisación:

La sala estaba rodeada de personas inmersas en sus propias conversaciones. Imaginé que cada una de ellas tendría un mundo que ofrecer, pero no el suficiente tiempo para demostrarlo. Yo estaba sentado frente a ella, conteniendo el aliento. Si todo salía bien, íbamos a trabajar juntos; pero en ese momento yo estaba siendo entrevistado. Sus ojos se movían de arriba a abajo, izquierda a derecha, acompañada de una danza interminable de expresiones dibujadas en su rostro. Su laptop, impasible, le enseñaba mi experiencia. Tomó la taza de café y se la llevó a la boca; mirándome, estudiando cada expresión. Yo me sentía perdido: me consumía el miedo a explicarle que me había enamorado de todo su ser en los diez minutos que ella estuvo ocupada analizando mi perfil. El deber y mis deseos habían iniciado una lucha interminable de pasiones, la cual no tenía fin. Quizá no lo tendría jamás. “Me gusta tu perfil”, me dijo sonriendo; acto seguido, sus ojos se iluminaron. Decidí dar lo mejor de mi, el tiempo se encargaría del resto.

Querido lector, si sentiste intriga, misterio, euforia y otras tantas emociones, te presento la forma de crear ambiente. Seguramente te imaginaste en ese café y te sumergiste en los deseos del candidato; o te sentaste a observar a la entrevistadora, intentando adivinar si ella se daría cuenta de su narrativa silenciosa, o simplemente seguiría con el curso de las cosas.

Y ahora me vas a decir: no puedo contarle una historia a mi entrevistador/a. Debo decirte, querido lector, que estas equivocado. Debes contar tu historia. Tu pasado es la razón que te posiciona en el presente. La comunicación será tu herramienta más poderosa en la entrevista. Y si te sabes expresar de la manera adecuada, todo fluirá en buenos términos.

Disfruta el momento

Una entrevista no tiene que ser un tormento. No pienses en que estás siendo evaluado. Se natural, habla de tu vida y tus propósitos. Explica que eres proactivo, pero no te gusta trabajar bajo presión. No vas a sacrificar fines de semana en nombre de la empresa, pero si vas a dar lo mejor en tu jornada laboral.

Por lo tanto, escucha la propuesta y trabaja la parte humana del asunto: conoce al entrevistador y también las razones de la búsqueda. Recuerda que es tu momento de venderte, y trabajar sobre la sinceridad va a servirte mucho más de lo que crees.

Disfruta el espacio para conocer la empresa y también su cultura. Quizá te lleves una sorpresa: muchas veces pensamos que somos muy distintos respecto a los demás, pero cuando empiezas a conocerlos, comparten más de lo que crees.

No pienses en ser aceptado o rechazado, porque eso te va a atormentar sin sentido. Piensa en la experiencia que puedas llevarte de esa entrevista. Todo lo que recopiles servirá para las siguientes.

Si creaste un ambiente como expliqué arriba, tu entrevistador va a mostrarse más interesado en lo que tenes para decir.

Aprende a escuchar

Mucha gente tiende a escuchar respetuosamente a sus entrevistadores, pero no les presta real atención. Esto es un error muy grave: Si solo vas a escuchar la oferta, te estás perdiendo el resto de la experiencia.

Gran parte de la gente que termina renunciando, lo hace porque no escuchó todo lo que el entrevistador le comentó sobre la empresa. Luego entra y se da cuenta que no era lo que esperaba.

Por supuesto, puede que tu entrevistador intente no hablar tanto para darte lugar a que te expreses; pero entonces ahí es donde vos tenes que hacer las preguntas.

Recuerda que debes llevarte una experiencia completa: lo bueno y lo malo, las ventajas y desventajas.

Conclusiones

No te enamores de tu entrevistador/a. Si no te reíste con ese chiste, no tienes alma querido lector.

Ahora hablando en serio, una entrevista como cualquier evento debería experimentarse de una forma positiva. Piensa en la secundaria y como sufrías cuando esperabas una nota. Hoy te ríes, lo tomas como una experiencia pasada. Mi propuesta esta más orientada al presente:

disfruta la experiencia en el momento en que la vivas, no después.

Y si, algún día voy a escribir una novela, pero de eso que se ocupe el Maxi del futuro. 🤣

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